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Abstract

American pikas (Ochotona princeps) are widely considered a mammalian indicator of environmental change in alpine ecosystems because they have experienced climate-mediated declines in parts of their range. The La Sal Mountains of southeastern Utah harbor a unique population of pikas in an isolated mountain range surrounded by low-elevation desert. Pikas here have received little systematic study, even as pikas in isolated ranges are predicted to experience more pronounced climate effects than those in “mainland” ranges. Our study aimed to determine whether stress in pikas is primarily influenced by climate stressors shared among individuals in the population each year or by the unique characteristics of an individual’s territory. We conducted a mark-resight study of pikas in this range in the years 2018 to 2023. Each year, individuals were trapped and marked with unique colored ear tags, and a scat sample was collected to analyze fecal glucocorticoid metabolites (FGM), a metric of stress. We used linear mixed models to test how this metric of stress varied according to our hypothesized predictors, including shared interannual climate, territory vegetation resources, microclimates, ectoparasite load, and body condition. Across years, we found that territory-level graminoid abundance, snowpack duration, and August temperature were strong predictors of individual-level FGM, highlighting the importance of both shared interannual climatic stressors and territory-specific factors in shaping the stress response of this population. In addition to informing conservation and management, this work provides connections across scales, from individual to population, which will enhance predictions regarding future pika distributions under climate change, including when, whether, and how these factors can be generalized across the species’ range. Finally, our results highlight the need to consider multiple habitat and climate variables in risk assessments and the value of long-term studies.


La pica americana (Ochotona princeps) se considera ampliamente un mamífero indicador del cambio ambiental en ecosistemas alpinos porque ha experimentado disminuciones asociadas al clima en partes de su distribución. Las montañas La Sal, en el sureste de Utah, albergan una población única de picas en una cordillera aislada rodeada por desierto de baja elevación. En esta región, las picas han recibido poco estudio sistemático, aun cuando se predice que las poblaciones en cordilleras aisladas experimentan efectos climáticos más pronunciados que aquellas en cordilleras “continentales”. Nuestro estudio buscó determinar si el estrés en las picas responde principalmente a factores climáticos compartidos por los individuos de la población cada año o a las características particulares del territorio de cada individuo. Llevamos a cabo un estudio de marcaje y reavistamiento de picas en esta cordillera entre 2018 y 2023. Cada año capturamos individuos y los marcamos con etiquetas auriculares de colores únicos, y recolectamos una muestra de heces para analizar metabolitos fecales de glucocorticoides (FGM), una métrica de estrés. Utilizamos modelos lineales mixtos para evaluar cómo esta métrica de estrés variaba según nuestros predictores hipotetizados, que incluyeron clima interanual compartido, recursos vegetales del territorio, microclimas, carga de ectoparásitos y condición corporal. A lo largo de los años, encontramos que la abundancia de gramíneas a nivel de territorio, la duración del manto de nieve y la temperatura de agosto predijeron de manera consistente los niveles individuales de FGM, lo que resalta la importancia tanto de los factores climáticos interanuales compartidos como de los factores específicos del territorio en la configuración de la respuesta al estrés de esta población. Además de aportar información para la conservación y el manejo, este trabajo establece conexiones entre escalas, desde el individuo hasta la población, lo que permitirá mejorar las predicciones sobre la distribución futura de la pica bajo el cambio climático, incluido cuándo, si y cómo se pueden generalizar estos factores a lo largo de la distribución de la especie. Finalmente, nuestros resultados resaltan la necesidad de considerar múltiples variables de hábitat y clima en las evaluaciones de riesgo y subrayan el valor de los estudios a largo plazo.

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